Chile: un punto de luz en la oscuridad

Escrito por Francisco Conejera Palominos(*)
Al intentar describir la palabra “compromiso” aplicada a la música, no pude evitar caer en algunas reflexiones. ¿Compromiso con qué?, ¿con el sello discográfico?, ¿con el fan?, ¿con el músico?. Increíblemente, lo que menos tiene la música de hoy es el compromiso con el propio creador. Porque a los verdaderos artistas no se les enseñó a desdoblarse, a transformarse en “doctores Jeckyll” para dedicar una parte de su personalidad a satisfacer las necesidades del mercado y, de paso, conseguir “éxito, fama y mucho dinero”, y la otra, a construir creativamente su propia obra, el fruto más genuino de su inspiración. Tal vez por ello, a esta última clase de artista, a ese que no transa, se le llame “underground” o “alternativo” y en muchos casos su trabajo esté condenado a la eterna indiferencia del medio.
El “compromiso” conlleva un pacto. Entre personas, entre ideologías, entre principios y valores, en fin, en cierto modo es también una forma de integración. Musicalmente hablando, la obra de los clásicos de Europa, creada y escrita para que un virtuoso la interpretara y los demás miraran y escucharan en religioso silencio, difiere radicalmente en términos de integración de la música primitiva traída desde África por los esclavos, donde un líder hacía una propuesta y todas las voces contestaban, con voces, palmas y movimientos, concepto que se aplicó en las work songs o cantos de trabajo, y sigue vigente en el gospel, en el blues y en el rock and roll.
Ahora, si este “compromiso” lo circunscribimos a aquellas letras que han testimoniado la historia, que han denunciado las injusticias, que han traducido la voz del pueblo, de inmediato comienza a aparecer una serie de términos con que los detractores han etiquetado a esta forma de expresión popular: canción protesta, canción panfletaria, canto resentido, etcétera. Todos estos términos fueron utilizados en nuestro país para describir a un movimiento genuino que surgió con el nombre de “Nueva Canción Chilena”. Para entender las características de este movimiento, que tuvo sólo unos pocos años de prolífica creación en Chile y otros cuantos de desarrollo en el exilio después del Golpe Militar de 1973, habría que escudriñar un poquito en la historia.
Le faltaba carne a esta cazuela
A fines de los años sesenta, la Nueva Canción Chilena integró un “nuevo elemento” a la música popular folclórica: el mensaje. Acompañadas de instrumentos autóctonos del folclor latinoamericano, como el charango, las quenas, el cuatro, el tiple, estas canciones empezaron a hablar de penetración imperialista, de injusticias, de censura, de violencia contra los trabajadores, etcétera. Y no es que el tema haya sido nuevo en la sociedad chilena, pero durante toda nuestra historia casi la totalidad de las letras retrataba un conformismo fatalista que no alcanzaba a rebelarse contra la colonización ni los abusos de los patrones de fundo. En el mejor de los casos, echaba mano al “amor por la patria”, cantándole a la bandera, a nuestro hermoso paisaje, al blanco de la nieve de las montañas, al rojo del copihue, nuestra flor nacional, en fin, eran composiciones bastante “contemplativas”. Como esta canción de Clara Solovera, llamada “Chile lindo”:
¡Ayúdeme usted, compadre,
a gritar un “Viva Chile”,
la tierra de los zorzales
y de los rojos copihues!
Con su cordillera blanca,
¡puchas qué es linda mi tierra!
¡No hay otra que se le iguale
aunque la busquen con vela!
¡Chile, Chile lindo,
cómo te querré,
que si por vos me pidieran,
la vida te la daré!
¡Chile, Chile lindo,
lindo como un sol,
aquí mismito te dejo,
hecho un copihue mi corazón!
Salvo algunas excepciones, la mayor parte de las composiciones de nuestro folclor era condescendiente. Pero ocurrirán dos acontecimientos que sacudirán las neuronas de nuestros músicos criollos. El primero, la Guerra Civil Española, que traerá a nuestro país a muchos exiliados gracias a las gestiones de Pablo Neruda.
Con la llegada del barco Winnipeg, los chilenos podrán conocer ciertas canciones relativas a las luchas de la clase trabajadora española, que de alguna manera retrataban también nuestra realidad de esos años. Y la segunda, la aparición de un personaje fundamental en esta nueva lectura de la realidad chilena: Violeta Parra, auténtica hija de familia campesina, genuino exponente de nuestro pueblo. Violeta Parra, incansable recopiladora y prolífica compositora, enseñó a los músicos que luego darían cuerpo a la Nueva Canción Chilena, que con guitarra y voz podían hacerse de una herramienta poderosísima para denunciar, pero sin descuidar la belleza estética de la música y de la poesía. Ser audaz y comprometido, pero con arte e inteligencia era la consigna. Esas serán las bases que sustentarán la obra de la llamada Nueva Canción Chilena, que tendrá como principales exponentes a los propios hijos de Violeta, Isabel y Ángel Parra, Patricio Manns, Víctor Jara y Rolando Alarcón. Se sumarán luego agrupaciones como Quilapayún, Inti Illimani, Tiempo Nuevo, Amerindios, Los Curacas, Aparcoa, entre otros artistas. Con ellos, se terminarán, al menos momentáneamente, las canciones ingenuas, las odas al huaso, al patrón y a las flores silvestres. Esta Nueva Canción Chilena se encargará de retratar el sufrimiento del pueblo y pondrá todas sus gargantas a gritar las injusticias y a reivindicar las luchas sociales de la clase trabajadora.
Según Víctor Jara, en 1967 Violeta Parra –que llevaba varias décadas recopilando el folclor de nuestro territorio– apareció con un disco de canciones con mensaje comprometido, que abrió las mentes de los cantores populares de la época y les mostró un camino a seguir. Violeta Parra llamaba a este tipo de composiciones, “cantos revolucionarios”. Y si bien había creado canciones como “Yo canto la diferencia” “Yo canto a la chillaneja/ Si tengo que decir algo/ Y no tomo la guitarra/ Por conseguir un aplauso/ Yo canto la diferencia/ Que hay de lo cierto a lo falso/ De lo contrario, no canto” o “Por qué los pobres no tienen”, “Por qué los pobres no tienen/ A dónde volver la vista/ la vuelven hacia los cielos/ Con la esperanza infinita/ De encontrar lo que su hermano/ En este mundo les quita/ ¡palomita!/ ¡Qué cosas tiene la vida/ zambita!”, existe cierto consenso en considerar a “La carta” como la canción fundacional de la Nueva Canción Chilena. Era una carta que le llegó a Violeta mientras ella estaba en París y que le contaba que Roberto –uno de sus hermanos– había caído preso después de una matanza en la población José María Caro.
Este hecho inspiró a Violeta a componer esta crónica basada en ciertos acontecimientos de la época en nuestro país:
Me mandaron una carta
por el correo temprano
en esa carta me dicen
que cayó preso mi hermano
y sin compasión con grillos
por las calles lo arrastraron. Sí!
La carta dice el motivo
que ha cometido Roberto:
haber adherido al paro
que ya se había resuelto
si acaso esto es un motivo
presa voy también, sargento. Sí!
Yo que me encuentro tan lejos
esperando una noticia
me viene a decir la carta
qu’ en mi patria no hay justicia
los hambrientos piden pan
plomo les da la milicia. Sí!
La carta que me mandaron
me pide contestación
yo pido que se propague
por toda la población
qu’ el León es un sanguinario
en toda generación. Sí!
Por suerte tengo guitarra
y también tengo mi voz
también tengo siete hermanos
fuera del que se engrilló
todos revolucionarios
con el favor de Dios. Sí!
Esta forma testimonial de contar una historia, será imitada luego en otras grandes obras que dejará como legado la Nueva Canción Chilena, como la “Cantata Santa María de Iquique”, del compositor Luis Advis e interpretada por el grupo Quilapayún:
Señoras y señores,
Venimos a contar,
Aquello que la historia
No quiere recordar.
Pasó en el Norte Grande,
Fue Iquique la ciudad,
Mil novecientos siete
Marcó fatalidad.
Allí al pampino pobre
Mataron por matar. […]
Y concluye con una arenga:
[…] Unámonos como hermanos
Que nadie nos vencerá.
Si quieren esclavizarnos,
Jamás lo podrán lograr.
La tierra será de todos
También será nuestro el mar.
Justicia habrá para todos
Y habrá también libertad.
Luchemos por los derechos
Que todos deben tener.
Luchemos por lo que es nuestro,
De nadie más ha de ser.
Unámonos como hermanos
Que nadie nos vencerá.
Si quieren esclavizarnos,
Jamás lo podrán lograr.
También está presente en “Preguntas por Puerto Montt” de Víctor Jara.
Muy bien, voy a preguntar
Por ti, por ti, por aquel,
Por ti que quedaste solo
Y el que murió sin saber.
Murió sin saber por qué
Le acribillaron el pecho,
Luchando por el derecho
De un suelo para vivir.
¡Ay! qué ser más infeliz
El que mandó a disparar
Sabiendo cómo evitar
Una matanza tan vil.
¡Puerto Montt oh Puerto Montt!
¡Puerto Montt oh Puerto Montt!
Usted debe responder,
Señor Pérez Zujovic,
Por qué al pueblo indefenso
Contestaron con fusil.
Señor Pérez, su conciencia
La enterró en un ataúd
Y no limpiarán sus manos
Toda la lluvia del sur.
Violeta Parra, el referente inspirador más importante de la Nueva Canción Chilena, dejará más botones de muestra. Como éste, “Al centro de la injusticia”:
Chile limita al Norte con el Perú
y con el Cabo de Hornos limita al Sur
se eleva en el Oriente la Cordillera
y en el Oeste luce la costanera, la costanera.
Al medio están los valles con sus verdores
donde se multiplican los pobladores
cada familia tiene muchos chiquillos
con su miseria viven en conventillos.
Claro que algunos viven acomodados
pero eso con la sangre del degollado
delante del escudo más arrogante
la agricultura tiene su interrogante.
La papa nos la venden naciones varias
cuando del sur de Chile es originaria
delante del emblema de tres colores
la minería tiene muchos bemoles.
El minero produce buenos dineros
pero para el bolsillo del extranjero
exuberante industria donde laboran
por unos cuantos reales muchas señoras.
Y así tienen que hacerlo porque al marido
la paga no le alcanza pa’ l mes corrido
pa’ no sentir la aguja del dolor
en la noche estrellada dejo mi voz.
Linda se ve la patria señor turista
pero no le han mostrado las callampitas
mientras se gastan millones en un momento
de hambre se muere gente que es un portento.
Mucho dinero en parques municipales
y la miseria es grande en los hospitales
en medio de la Alameda de las Delicias
Chile limita al centro de la injusticia.
El rock se despierta
La Nueva Canción Chilena tuvo su auge a fines de la década de los sesenta gracias a la edición de sus obras a través de los sellos discográficos DICAP, de propiedad de las Juventudes Comunistas; La Peña de Los Parra, de Isabel y Ángel; y Tiempo, de Rolando Alarcón. Y a la difusión de este material por parte de programas especializados como Discomanía, conducido por Ricardo García, quien en 1969 organizaría junto a la Universidad Católica el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, acontecimiento que serviría para “acuñar” el término que aglutinaría a estos artistas del folclor comprometido. El primer lugar del festival fue compartido por las canciones “La Chilenera” de Richard Rojas y “Plegaria para un labrador” de Víctor Jara:
Levántate y mira la montaña
de donde viene el viento, el sol y el agua.
Tú que manejas el curso de los ríos,
tú que sembraste el vuelo de tu alma.
Levántate y mírate las manos,
para crecer, estréchala a tu hermano
juntos iremos unidos en la sangre,
hoy es el tiempo que puede ser mañana.
Líbranos de aquel
que nos domina en la miseria,
tráenos tu reino de justicia e igualdad,
sopla como el viento
la flor de la quebrada
limpia como el fuego
el cañón de mi fusil.
Hágase por fin tu voluntad
aquí en la tierra
danos tu fuerza y tu valor
al combatir
sopla como el viento
la flor de la quebrada
limpia como el fuego
el cañón de mi fusil.
Levántate y mírate las manos,
para crecer estréchala a tu hermano
juntos iremos unidos en la sangre,
ahora y en la hora de nuestra muerte
amén, amén, amén
Los años sesenta estuvieron marcados por importantes acontecimientos sociales, artísticos, políticos y culturales. Nació la minifalda, empezó a circular la píldora anticonceptiva, Los Beatles invadieron el mundo, el hombre llegó a la Luna, murió el Che Guevara, surgió la psicodelia, medio millón de jóvenes estadounidenses fueron enviados a luchar en la Guerra de Vietnam, otro medio millón de hippies se juntó en el Festival de Woodstock bajo el lema de “paz, música y amor”, en fin, fue una década bastante movida.
Y Latinoamérica no permaneció indiferente. De hecho, la música popular se hizo eco no sólo de las temáticas locales, como la Reforma Agraria o la Nacionalización del Cobre en nuestro país, sino también del mensaje ecológico, del antibelicismo, de la soberanía de los pueblos, etcétera. Este tipo de “canción protesta” tomó diversos nombres en los distintos países latinoamericanos, el Nuevo Cancionero Argentino, la Música Popular Brasilera, la Nueva Trova Cubana, la Nueva Canción Chilena, en fin, un sentimiento común hermanaba las propuestas de estos músicos que asumían el “compromiso” como elemento vital para sus nuevas composiciones.
En Chile, a comienzos de los años sesenta se había producido un fenómeno llamado la “Nueva Ola”, que no era otra cosa que una copia de los pioneros del rock and roll blanco estadounidense, con Bill Haley y Elvis Presley a la cabeza, escoltados por pretty faces, como Paul Anka, Ricky Nelson, Pat Boone y Neil Sedaka, entre otros, marketeados hasta el cansancio por la industria del disco. La fórmula de incorporar “caras bonitas” locales para que cantaran en inglés temas vacíos de contenido, fue acogida por los sellos discográficos que, gracias a la complicidad de los medios de comunicación, especialmente de la radio, tuvo un gran impacto en la masa. De hecho, la gente ayudó al crecimiento de esta Nueva Ola, al agotar los discos y colmar los recintos donde estos artistas se presentaban.
Así había llegado el rock and roll a Chile, pero faltaba todavía un poco para que apareciera el verdadero rock chileno. Para que nuestros músicos se atrevieran a componer, a crear música propia, tuvieron que ocurrir varios fenómenos históricos, como la aparición de Los Beatles, que mostraron una nueva manera de construir canciones, el descubrimiento del movimiento psicodélico, que motivó a los músicos a improvisar, a experimentar con sus propias creaciones, y la toma de conciencia planetaria sobre los peligros de la carrera armamentista, la intromisión imperialista, la alarma ecológica, etcétera.
De pronto, nuestros músicos del rock local se sintieron inquietos y con ganas de comunicar su disconformidad con las estructuras establecidas. Y de gritarle al mundo que el momento de los viejos ya había pasado y que ahora les tocaba a ellos.
En 1967, el grupo Los Jockers grabó una composición de Luis Beltrán, “Nueva sociedad”, que originalmente iban a llamar “Nueva suciedad”, pero el sello discográfico que los editó no se quiso sumar a la ironía.
Quisiera estar muy solo y poder meditar
Sobre esta sociedad
Está tan corrompida y llena de prejuicios
Que no sé ya qué pensar
Quisiera poder gritarle al mundo
Dejen ya su letargo invernal
Salgan a luchar como lo hacemos
Porque conscientes estamos del orden social
Injusto sí, de esta suciedad
Sí, de esta sociedad
Digo lo que digo convencido
De que tú mi canto escucharás
Y a pesar de que estás tú muy lejos
Estrecharás mi mano y juntos haremos
Una nueva sociedad
No miraremos color ni credo
Libertad y justicia sí lo habrá
Sólo en el amor nos basaremos
Porque conscientes estamos del orden social
Injusto sí, de esta sociedad
Sí, de esta suciedad
Sí, de esta sociedad.
También en 1967, Los Vidrios Quebrados decían lo suyo en “Se oyen los pasos”:
Podemos escuchar
Son nuestros pasos
Alrededor del mundo
Algo nuevo comienza
Abre tus ojos
Es el cambio del tiempo
Deja ese camino
Y comienza a vivir
Es el triunfo de la juventud
Y también puede ser tuyo
Abre tu mente
Y lo verás como yo lo veo
Renovando viejos pensamientos
Derribando los complots
Tú crearás
Un cerebro nuevo para el mundo
Quien se sienta verdaderamente
Joven y con ideales
Que vaya con nosotros
Y nos ayude a aclarar el pasado
Este es el siglo
Donde el pensamiento es libre
Y no se puede negar
Lo que es de uno.
La era psicodélica también alcanzó a nuestros músicos. El amor por la naturaleza y los postulados antibelicistas tuvieron eco en la obra de importantes grupos de la época. Por ejemplo, Los Beat 4 grabaron “No pisen las flores”, una súplica ecologista que ya alertaba sobre el individualismo y la falta de solidaridad, aspectos muy marcados en la sociedad actual.
Por favor no pisen las flores
Por favor no las pisen más
Tengo ganas de llorar
Tengo ganas de llorar
Todos pasan apurados
No se miran al pasar
Todos van muy preocupados
Todo es frío en la ciudad
Por favor no pisen las flores…
Unos pasan y se ríen
Otros pasan sin hablar
Los que ríen son los menos
Los que lloran son los más
Por favor no pisen las flores…
Una niña va llorando
No la miran al pasar
Pobre niña enamorada
Todo es frío en la ciudad
Por favor no pisen las flores…
Luego, en 1968, Los Mac’s , grabarían “ La muerte de mi hermano ”, canción cuya letra, de autoría de Orlando Walter Muñoz, denunciaba el violento intervencionismo estadounidense y la música, compuesta por el cantautor Payo Grondona, anunciaba uno de los períodos más creativos de nuestra música, al fusionarse el folclor con el rock.
Ayer mataron a mi hermano
Lo mataron y qué
No sabía escribir
No sabía leer
Hasta ayer
Abrió la tierra
Tuvo su cruz
Regó la rosa
Lo mataste tú
Ayer mataron a mi hermano
Lo mataron y qué
No sabía escribir
No supo de comer
Hasta ayer
Mascando el chicle
Ayer y hoy también
Levantan la mano
Contra usted, contra él
Ayer mataron a mi hermano…
Mi hermano dijo
“Buenos días”
La Bazooka dijo
“Good night, good night”
Ayer mataron a mi hermano
Lo mataron y qué
Ayer mataron a mi hermano
Le mataron, okay!
En el año 68, con la Nueva Ola en decadencia, el productor Camilo Fernández lanza una nueva propuesta al mercado. Se trataba de grupos vocales que interpretaban repertorio folclórico pero sin la típica indumentaria de los folcloristas. Estéticamente eran artistas pop, que ponían sus polifonías vocales al servicio de canciones de raíz folclórica. Grupos como Los Cuatro Cuartos, Las Cuatro Brujas o Los Paulos, dieron vida a lo que se llamó “neofolclore”, un producto surgido desde la industria del disco y que, por supuesto, contó con todo el apoyo de difusión, lo que aseguró su éxito masivo.
Curiosamente, el hecho de que este tipo de canciones empezara a escucharse en las radios “educó” el oído de la masa, acostumbró al chileno corriente a escuchar folclor. Fue la “ayudita” que necesitaban los músicos que conformarían la Nueva Canción Chilena, inquietos por comunicar sus mensajes y que éstos tuvieran repercusión en la gente común.
El aporte de contenido de los músicos de la Nueva Canción Chilena cautivó a ciertos grupos de rock criollo. Y de manera espontánea, folcloristas y roqueros se sacudieron sus respectivos prejuicios y comenzaron a trabajar juntos. Fue un período muy corto, pero muy enriquecedor ya que, por primera vez en nuestra historia se veía nacer una música con rasgos de identidad nuestra.
Quedaron como testimonio de esa época, algunos registros de los trabajos entre Rolando Alarcón y Los Tickets, por ejemplo. Esta agrupación tenía entre sus integrantes al extraordinario guitarrista, Carlos Corales, quien formaría posteriormente Aguaturbia, una de las expresiones psicodélicas más importantes de este lado de América. También quedaron registros de la mencionada canción “La muerte de mi hermano”, del folclorista Payo Grondona e interpretada por Los Mac’s, de las grabaciones de Ángel Parra con Los Blops y de Víctor Jara con Los Blops, como este tema, “El derecho de vivir en paz”.
El derecho de vivir
poeta Ho Chi Minh,
que golpea de Vietnam
a toda la humanidad.
Ningún cañón borrará
el surco de tu arrozal.
El derecho de vivir en paz.
Indochina es el lugar
mas allá del ancho mar
donde revientan la flor
con genocidio y napalm;
la luna es una explosión
que funde todo el clamor.
El derecho de vivir en paz.
Tío Ho, nuestra canción
es fuego de puro amor,
es palomo palomar
olivo de olivar
es el canto universal
cadena que hará triunfar,
el derecho de vivir en paz.
Dean Reed, un estadounidense que se radicó en Chile en tiempos de la Unidad Popular, tomó partido de la causa y, acompañado del grupo de rock, Los Amigos de María, cantaba: “Somos los revolucionarios/ queremos la justicia/ la paz y la libertad”.
Además de las temáticas pacifistas, ecologistas y anti imperialistas, los músicos de la Nueva Canción Chilena y los roqueros sentían la necesidad de expresar un sentimiento de pertenencia, de identidad y unidad latinoamericana.
Violeta Parra había cantado: “Los pueblos americanos/ se sienten acongojados/ porque los gobernadores/ los tienen tan separados/ ¿Cuándo será ese cuándo/ señor Fiscal/ que la América sea sólo un pilar?”.
Y Rolando Alarcón también se expresaba al respecto: “Si somos americanos/ no miraremos fronteras/ cuidaremos las semillas/ miraremos las banderas/ Si somos americanos/ seremos todos iguales:/ el blanco, el mestizo, el indio/ y el negro son como tales”.
Luego Los Jaivas, grupo emblema y pionero del rock chileno, reafirmaba el concepto con un himno que ya es un clásico en la historia de nuestra música popular “Todos juntos”:
Hace mucho tiempo que yo vivo preguntándome
para qué la tierra es tan redonda y una sola no más
si vivimos todos separados
para qué son el cielo y el mar
para qué es el sol que nos alumbra
si no nos queremos ni mirar.
Tantas penas que nos van llevando a todos al final
cuántas noches, cada noche, de ternura
tendremos que dar
para qué vivir tan separados
si la tierra nos quiere juntar
si este mundo es uno y para todos
todos juntos vamos a vivir
¿Golpe al arte o golpearte?
El Golpe de Estado del 11 septiembre de 1973 terminó violentamente con la Nueva Canción Chilena. Los militares allanaron las dependencias de DICAP, destruyeron cintas masters, acetatos, afiches, carátulas y todo icono de los “upelientos” como se les llamaba a los adherentes a la Unidad Popular que encabezaba el Presidente Salvador Allende.
Con la tortura y ejecución de Víctor Jara, el 16 de septiembre de 1973, los protagonistas de la Nueva Canción Chilena pasan a la clandestinidad. Los que pueden, se exilian y otros, como Ángel Parra, deben sufrir las penurias en un campo de detención y tortura.
A partir de ese momento, el quehacer futuro de estos intérpretes y creadores de la Nueva Canción Chilena, entre ellos Quilapayún, Inti Illimani y Patricio Manns, comenzará a desarrollarse en Europa preferentemente. De esa época es el registro de esta canción compuesta por Patricio Manns en el exilio: “Cuando me acuerdo de mi país”:
Cuando me acuerdo de mi país
me sangra un volcán.
Cuando me acuerdo de mi país
me escarcho y estoy.
Cuando me acuerdo de mi país
me muero de pan,
me nublo y me voy,
me aclaro y me doy,
me siembro y se van,
me duele y no soy;
cuando me acuerdo de mi país.
Cuando me acuerdo de mi país
me enojo de ayer.
Cuando me acuerdo de mi país
me lluevo en abril.
Cuando me acuerdo de mi país
me calzo el deber,
me ofusco gentil,
me enciendo candil,
me encrespo de ser,
despierto fusil;
cuando me acuerdo de mi país.
El Golpe de Estado también aplastó la actividad de los músicos del rock chileno, una escena que –gracias a las circunstancias históricas– no supo de tecnologías modernas de grabación, del glamour del showbiz, de los cheques generados por la industria, ni del reconocimiento al talento. Muy por el contrario, sufrió ataques físicos por usar el pelo largo y ropas coloridas; debió cambiar sus hábitos de vida y acostarse en las horas que mandaba el toque de queda; dejó de componer canciones propias por temor a la censura; se humilló para conseguir permisos para tocar; no tuvo la atención de los medios de comunicación y gracias a la complacencia y el terror social, tardó mucho tiempo en sacarse la bota militar de encima.
El Golpe de Estado terminó con las fuentes de trabajo de los músicos. Gracias al “bendito” toque de queda, se murieron las peñas, las boites, las quintas de recreo, las carpas-shows y todo centro festivo-bailable que existiera. Tardó mucho tiempo en recomponerse algo de esa vida bohemia, especialmente porque a los chilenos nos cambiaron los hábitos y nos acostumbramos a no salir de noche. En ese contexto, bastante depresivo por lo demás, se hicieron populares las “convis”, entre los seguidores del rock chileno. Estas “convis” o “convivencias”, eran conciertos que se realizaban generalmente en salones parroquiales y a media tarde para no ser sorprendidos por el toque de queda y se convirtieron en la tabla de salvación para el rock chileno, ya que permitía a los fans “convivir” con los grupos de rock de la época, como Tumulto, Los Amigos de María, Los Teiker’s, Arena Movediza, Millantún, entre muchos otros.
Hasta julio del 73, el año marchaba muy bien para el rock chileno. El grupo Tumulto conseguía la hazaña de poner en los rankings su tema “Prefiero tinieblas”, detalle bastante importante si consideramos que las emisiones radiales estaban monopolizadas por los artistas de la Nueva Ola o por grupos extranjeros.
Pero el curso de la historia cambiaría ese fatídico 11 de septiembre que despertó a los habitantes de Santiago con las explosiones, no sólo en el Palacio de Gobierno, sino también en las antenas de las emisoras simpatizantes del gobierno de Allende.
La única radio que emitía en esos momentos daba cuenta de los primeros bandos militares. En términos prácticos, había que quedarse en casa, no ir al liceo, no ir al trabajo porque se declaraba Estado de Sitio y Ley Marcial. Dos días después, el 13 de septiembre, el toque de queda comenzaría a partir de las 18:00 horas.
Fintas a la censura
Los grupos de rock en dictadura han tenido que cargar –injustamente– con el estigma de haberse transformado en bandas de covers. Y digo injustamente porque todas estas bandas componían material propio, pero era muy difícil tocarlo en momentos en que para realizar un concierto había que solicitar permiso en las guarniciones militares. Se debía adjuntar todos los detalles del lugar, la hora de inicio, la de término y TODAS las letras de las canciones que los grupos interpretarían en el show. En este aspecto, el régimen militar era bastante celoso ya que le importaba mucho que los jóvenes chilenos no se fueran a “contaminar” con mensajes sediciosos, así es que la censura se aplicaba muy especialmente a las letras de las canciones de los grupos de rock. Ante ese panorama, que siempre infundía temor, los músicos preferían echar mano al repertorio de bandas anglosajonas y así pasaban la censura sin problemas. Además, como las discotecas se convirtieron en casi sus únicas fuentes de trabajo, tuvieron que incorporar ese repertorio clásico internacional, de grupos como Deep Purple, Led Zeppelin, Grand Funk, Jimi Hendrix, etcétera, ya que a estos lugares no llegaban sólo los fans del grupo de turno.
Pero a pesar de esas condicionantes, los grupos de rock chileno igual se las ingeniaron para expresarse, poco a poco, de acuerdo con la “apertura” provocada por las protestas populares, los cacerolazos y la aparición de la prensa disidente al gobierno de Augusto Pinochet.
Al comienzo, las letras eran bastante ingenuas, pero conseguían el objetivo de burlar la censura. Por ejemplo el grupo Tumulto, para referirse a un tipo de estimulante llamado “Desbutal”, cuya pastilla tenía un lado amarillo y otro celeste y era muy popular entre la juventud de esos días, grabó una canción llamada “Rubia de los ojos celestes”, cuya letra le pertenece al cantante de Callejón Oscuro, Mario Millar: “Caminando por la vida sin prisa/ te cruzaste en mi camino/ sentí la emoción de sentirte en mi alma/ y al fin yo pude ver la luz/ Rubia de los ojos celestes”.
Luego, el grupo Arena Movediza les daba esperanzas a sus seguidores, a través de su tema “ Pronto viviremos un mundo mucho mejor ”. “No sientas temor/ de la vida actual/ pronto pasará/ tanto desamor/ ya se organizó/ una sociedad/ ya puedes vivir/ con mucho amor/ Mira más allá/ de la realidad/ así sentirás/ menos soledad/ una vez allí/ no sientas temor/ pronto llegará/ un mundo mejor/ Pronto viviremos un mundo mucho mejor”.
Despierta el rock
A comienzos de los ochenta, Santiago todavía tenía toque de queda y la censura había hecho tanto daño en lo creativo que la mayoría de los músicos y comunicadores, caía en la autocensura. Aún así, algunos músicos como Andrés Godoy , líder del grupo Andrés, Ernesto y Alejaica, se atrevía a tocar el tema del exilio muy sutilmente en una canción llamada “ El Jilguero ”. Eran tiempos en que algunos exiliados famosos entraban clandestinamente a Chile, ya fuera con disfraces u otras identidades. “El Jilguero” expresaba esta situación a través de su poesía:
Carlos se quedó en silencio
Con su jilguerito amigo
Y el funcionario de la aduana
Le dijo que no lo pasara
Le dijo que en este país necesitaba documentos
Y entonces Carlos preguntó
Qué se podía hacer
Y el funcionario de la aduana
Le dijo que lo regresara
Le dijo que era en contra de la ley entrar a un pájaro.
Y Carlos, soltó a su amigo alegre
Y el jilguero extendió sus alas libres
Y pasó mil veces sobre las cabezas
De los sorprendidos funcionarios
Y el jilguero esperó a su amigo Carlos
Al otro lado de la inútil aduana
Y juntos subieron a un caballo
Cantando, cruzaron la ciudad.
Algunos años después, a medida de que el temor a la “bota militar” se fue perdiendo, las canciones se hicieron mucho más directas. El mismo Andrés Godoy , esta vez sin sutilezas, grabó un tema llamado “ Soy de mi país ”:
Soy un punto, una mano
Soy el ojo de mi país
Soy un paso, una idea
Soy la sangre que canta aquí
Soy un hueso, un principio
Soy la rabia de mi país
Soy un rostro, un cerebro
Soy el pueblo de mi país
Y por esto, yo no quiero
Más el crimen de tenerme que callar
Como ustedes, yo no quiero
Más la infamia de tenerme que callar
De tenerme que ocultar
De tenerme que arrancar
De tenerme que morir
Si soy un trozo de materia inquieta
Que vive porque la esperanza vive
Si soy el germen de tu sexo intenso
¿Por qué madre, quieren que yo te odie?
¿Por qué? País, mi amor.
Jorge Soto , líder del grupo Sol De Medianoche, registró su burla al Bando 23 de la Junta Militar: “Prohibido hablar/ prohibido pensar/ prohibido mirar/ Bando 23/ “Esto no es un juego señores”/ ¡está hablando en serio el “caballero”!/ “Esto no es un juego señores”/ ¡¡Llegó la policía!!”
El grupo De Kiruza , pionero de la cultura hip hop en Chile, denunciaba los excesos del régimen a través del tema “ Algo está pasando ”: “Se te nota un bulto/ bajo la chaqueta/ no sigas insistiendo con la metralleta/ eres asesino de profesión/ pero dices defender a esta puta Nación/ comandos, brigadas y operaciones/ títulos distintos las mismas secciones/ se apagan las luces en las poblaciones/ cuando se tortura en tus instalaciones/ Algo está pasando, algo huele mal/ afuera hay cinco tipos que me quieren liquidar”.
Otro de los grupos raperos pioneros en Chile, Los Panteras Negras , directamente hacían un llamado a la subversión, en su tema “ Insurrección Mic 2 Mil ”: “En una esquina marginada del mundo controlado/ pisoteando la sangre de todos los caídos/ Los esclavos, Los esclavos oprimidos/ Los obreros mal pagados/ Escondidos por la historia negada en la memoria/ El futuro está perdido y el presente es una mierda/ Nuestra era destruida, sólo hay una salida/ Rebelión, subversión, anarquía y desorden/ contra el orden y su raza/ Panteras Negras atacando y controlando/ rima y mente terrorista/ vacilando y boicoteando al sistema y sus emblemas/ sus cadenas y sus tropas, a sus redes financieras/ Vamos a pelear. Despertar a los hermanos/ No en vano, temprano/ el mensaje insurgente va instando a mi gente a pelear/ a quemar, a robar si no hay otra/ porque el hambre no es una ideología/ Es el alma de los ricos la que nos mata día a día”.
El punk tampoco tuvo pelos en la lengua cuando llegó su momento. El grupo Fiskales Ad Hok , nombre tomado del fiscal militar, Fernando Torres Silva, que hacía de juez y parte cuando se trataba de condenar a personas que oponían resistencia a la prepotencia militar, registró temas como “El Cóndor”, en alusión a nuestra ave nacional:
Esto no es una canción, es un insulto radical
Cómo quisiéramos mear en un casco militar
También podríamos quemar una bandera de Renovación Nacional
Y ver tirado en un basural uno que otro puto general
Y veo un cura falso y maricón y un político farsante
Yo te digo padre Jasboom, venga el burro y te lo plante.
Cómo quisiera ver venir desde las altas montañas
Un gran cóndor con diarrea
Que cagara, que cagara y que cagara en el congreso
En la moneda y nuestra sana iglesia ¡sana!
Esta es la historia de Alicia en el país de las mentiras
Mordida, violada por perros capitalistas
La historia de mi patria usada y manoseada
Por tanto cerdo, perro, puto, negociante.
Los Miserables , cuyos integrantes fueron expulsados de las Juventudes Comunistas por su actitud crítica incluso al interior de su partido, grabaron su descontento con su país, llamado “ El jaguar de Sudamérica ” por sus logros en la macroeconomía. Esto decían Los Miserables al respecto:
¿Qué pasa en el jaguar?, ¿que todo está al revés?
Miseria en las calles, todos lo pueden ver
Niños pidiendo en los pasillos del metro
Los senadores aprueban subir sus sueldos
Los hospitales son una porquería
Te mueres si no tienes cheque en garantía.
En el jaguar hay senadores vitalicios
En el jaguar la cultura es pa’ los ricos
Aquí los militares son condecorados
Mientras los profesores son exonerados
Qué pasa en el jaguar que está todo al revés?
Justicia sordo-muda, tampoco quiere ver.
Los Prisioneros , el grupo más popular de los ochenta, comenzó haciendo letras bastante ambiguas, hasta que registró “ Ultraderecha ”:
Ultraderecha… compra la Iglesia, vende el Estado.
Ultraderecha…
Ultraderecha… ultraderecha…
Ultraderecha. Compra la Iglesia. Vende el Estado.
Ultraderecha.
Ultraderecha, ultraderecha.
Defiende el derecho a la libertad, sí, sí, sí.
Defiende el derecho a la libertad.
Libre mercado, defensores del libre mercado.
Libre mercado, defensores del libre mercado.
Libre mercado, defensores del libre mercado.
¡Libertad!
Para vivir en la miseria
¡Libertad!
Para morir en la cárcel por deudas.
¡Libertad!
Para torturar al esclavo
¡Libertad!
Para proteger al millonario
¡Libertad!
Para globalizar el hambre
¡Libertad!
Para dejar hecho mierda el planeta.
¡Libertad!
Defensores del derecho a estafarte.
Consignar todo lo relacionado con “Música y Compromiso” en Chile daría para un texto bastante más amplio. Por eso, a pesar de no profundizar en la obra de los artistas del “Canto Nuevo”, quisiera expresar mi reconocimiento a gente muy jugada con este tema, como el dúo Schwenke y Nilo y Santiago del Nuevo Extremo. A luchadores eternos como Quelentaro y el grupo Sol y Lluvia. Y a los raperos Legua York, entre otras bandas under de la escena actual, que no conciben la creación musical sin un mensaje comprometido. A todo ellos y a los que pude haber omitido sin merecerlo, gracias por sacudir nuestras neuronas. Gracias por ese punto de luz en medio de la oscuridad.
* Francisco Conejera Palominos . [Santiago de Chile, Chile 1954]. Periodista musical especializado. Músico, investigador, recopilador y difusor del rock chileno. Es director de la revista musical El Carrete, docente de las Escuelas de Rock, dirige un grupo de investigación sobre la Cultura Rock en la Universidad Católica de Chile, y es presidente de la Corporación Cultural del Rock y el Cómic. Su debut en la prensa musical se produjo el 8 de diciembre de 1980, el mismo día que asesinaron a John Lennon.




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Capítulo # 01 (06/09/2008)