Una historia que merece ser contada. Una historia de la vida real. 39 años del asesinato de Víctor

Imaginemos la siguiente historia para una novela o una película: Un niño nace en el seno de una familia campesina, inquilinos, o sea que trabajan tierra ajena para poder subsistir. El padre, frustrado, probablemente cansado de la dura vida que le ha tocado llevar, toma el camino fácil y se evade en el alcohol. La madre, trabajadora y sensible,  consciente de la importancia de le educación, cantora, autodidacta, persevera, trabaja, saca adelante sus hijos, se va a la ciudad, buscando nuevas formas de ingreso para que su familia salga del círculo de pobreza que les ha tocado vivir.

Uno de sus hijos,  ha heredado su sensibilidad y entusiasmo, y comienza a mirar hacia adelante. De niño pasa a huérfano adolescente. Prueba muchas oportunidades que la vida le va colocando, contabilidad, hasta para cura se prueba, hace el servicio militar. Pero su sensibilidad es más fuerte y llega a la Universidad de Chile. Es aquí donde, con muchos apremios económicos, logra estudiar teatro y dirección,  y debuta como actor en diversas obras,  recorre en gira diferentes regiones del país. Año? 1956. Nuestro protagonista? estudiante de primer año de la carrera.

La vida comienza a cambiar,  llegan los 60’s, es la época en que la organización social es poderosa y se cree fervientemente que se puede cambiar el mundo. El joven estudiante se transforma entonces en aventajado actor, lejos quedaron las tierras campesinas, pero no lejos de su corazón.  Pasa prontamente a Director de Teatro, es premiado como tal y se transforma en parte del directorio de la Escuela de Teatro de su Universidad.  Entre toda esta vorágine, conoce a una bailarina, extranjera, que se transforma en la mujer con la cual compartirá su vida.   Su madre sigue en su retina, nunca en realidad él ha dejado de sentir la sensibilidad musical, toma la guitarra, compone lo que vivió, lo que imagina, lo que escucha, lo que recuerda. Y su talento, volcado al teatro, alcanza también para llenar de música un país que siempre ha valorado más lo que viene de fuera y no lo que sale de su propia tierra. Por eso, no es extraño que  su trabajo musical también comience a ser apreciado en el extranjero y viaje y conozca y sigua aprendiendo, y la rueda de su creatividad y talento gire y gire, produciendo más música y más teatro.

Y en ese proceso de conciencia, nuestro protagonista, que sólo cumple lo que pudiera ser la mitad de su vida, ya ha alcanzado los que a muchos les cuesta una vida entera: una familia, salir del círculo de su pobreza, desarrollar su talento, ser conocido y tantas otras cosas que todos querrían. Pero para él no basta. Siente que tiene que devolver de alguna forma el mensaje, y su canción se vuelve más social, más comprometida. Vive en el sector oriente, pero no por eso dejará de irse a vivir a unapoblación para contar lo que ahí ocurrre. Porque su sensibilidad sigue efervescente, como si muchos espíritus de sus generaciones pasadas quisieran contar historias a través de él.

Como en todo libro best seller, como en toda película que rompa records, llega el clímax trágico.  El gobierno al cual ha estado fervientemente apoyando, es derrocado en un sangriento golpe de estado y todo simpatizante a éste es perseguido, llenándose de terror las calles que antes albergaran amablemente.  Nuestro protagonista, que tiene la sangre de su familia entera que le corre por las venas, siente la necesidad de estar en su lugar de trabajo, nuevamente una universidad, y va, apoya, no imagina que el nivel de horror llegaría a levantar a compatriotas contra compatriotas.

Y sin embargo, así es. Es apresado, vilipendiado, golpeado, sufre el dolor físico y sicológico al más alto nivel. En su prisión, sigue dando ánimo a los que están con él.  Y es así como, el talento, la energía, el espíritu del cual hemos hablado, queda reducido al cuerpo, cuando un grupo de militares rasos, sin mayor educación, son enviados a aniquilar su vigorosidad, con 44 balazos que terminan con su vida.  En estas palabras, en nuestra historia imaginada, han quedado trabajos,  obras prolíficas en tan sólo 40 años de vida.

Lo que quienes lo asesinaron no pudieran prever es que con la muerte de su carne, la vida de su espíritu se multiplicó hasta el infinito. Se transformó en una de esas estrellas que guían a quienes, inspirados por su historia, siguen pensando que es posible con su sensibilidad influenciar al mundo.

En un libro, en una película, empatizaríamos con nuestro protagonista, llegaríamos a la página final que con puntos suspensivos exigiría saber qué fue de esos, de los que tuvieron el fusil en la mano y nos dejaron sin su figura.  Y probablemente en la película, sus asesinos serían juzgados, recibiendo severos castigos.

Lo que he contado en estos párrafos efectivamente es “cinematesco”. Y sin embargo, es la vida real, la historia de nuestro país, de nuestro teatro, de nuestro canto. Y como no tiene final de  película, los asesinos de nuestro protagonista siguen en la vida real impunes, sin que se haya realizado un proceso que llevara a una certera identificación y a un juicio para quienes se creyeron tan poderosos como para arrebatar esta vida y muchas más.

Y en la vida real, dado que no hay justicia, es un deber moral conocer la verdad.  Desde Aldea Local, conmemoramos los 39 años de la muerte de Victor Jara, protagonista absoluto de la historia de la música chilena, cuya memoria merece, luego de entregar tanto en vida, que quienes nos hemos visto aunque sea mínimamente tocados por su obra exigamos Justicia para su caso y digamos No a la Impunidad de sus Asesinos.

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Victor Jara, asesinado un 16 de septiembre, a punto de cumplir 41 años.

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