La Revolución del Vinilo (o la necesidad de volver a pensar en revolución)

Dentro de tanta cosa que a una le llega en esta vorágine de información, redes, conexiones varias, recibí hace días atrás una invitación a participar de la inauguración de la exposición LA REVOLUCIÓN DEL VINILO, en el Centro Cultural Palacio de la Moneda.

La exposición en sí misma retrata en formato de vitrinas ciertos momentos de la creación artística vinculada a los discos de vinilo.  Los trabajos, por ejemplo, de la Nueva Ola, donde la cara del artista encontraba lugar preponderante en la carátula, pasando por diferentes trabajos, hasta llegar a la línea que mejor representa tal vez el auge de un arte visual, como lo fueron las carátulas de discos de Violeta Parra, Victor Jara, entre otros artistas de la Nueva Canción Chilena.

La realidad es que la muestra se centra en lo que pudiera ser, si se tuviera acceso al universo completo de la creación discográfica de las décadas de los 50s a los 70s, sólo un puñado, un botón, de toda las ediciones en el formato que deben haber salido de las fábricas chilenas.  Por que sí, en Chile se fabricaban estos discos. De igual forma, la decisión de realizar esta exposición en el espacio que el CCPLM dedica al diseño, más que llevarnos a detallar si la exposición en sí es completa o no, sí representa realmente la producción de este formato en el país o no, nos lleva principalmente a reflexionar sobre el divorcio de los últimos años entre diseño y música.

Y es que en la producción en esta década de los trabajos realizados por los músicos chilenos no hay grupos o solistas que destaquen, salvo honrosas excepciones, por haber definido un estilo en sus trabajos que los distinga.  Pocos tienen concepto visual, de su imagen como banda que además les acompañe transversalmente en su carrera, y el que exista coherencia entre escenario, canciones y disco, incluyendo su diseño, pasa a segundo lugar. Es comprensible: cuesta mucho hacer una edición fonográfica, ya que a pesar de la tecnología que ahora permite grabar a mucho más bajo costo que antes, de igual forma editar de manera física un disco sigue siendo caro.

No pasa lo mismo, en todo caso, con las fotografías que uno puede ver circulando de bandas por la red.  Desde la llegada de las cámaras personales con cada vez mejor resolución, diferentes bandas aprendieron el uso de herramientas que les permitieron sacar mejor partido a sus fotos, además de contar en varios casos con fotógrafos, más o menos profesionales, que ya sea por gustarles los grupos, han participado en un registro visual que años más adelante será fiel reflejo de la noche de nuestros tiempos.

Independiente de esto, la reflexión que queda luego de visitar la muestra es: ¿Qué es lo que imposibilita que diseño y música vuelvan a unirse en la gráfica de los grupos? En mi caso particular, creo que existen varios motivos. Uno, hacer gráficas encarece el valor del disco físico. Dos, falta de concepto dentro de la banda que considere que como se ven ellos y sus trabajos también transmite un mensaje.  Tres, falta de decisión cuasi política de algunos diseñadores a vincularse a bandas para realizar una asesoría que no puede sino ser fructífera.

Si anda por los alrededores de La Moneda, pase a mirar las vitrinas de la Exposición La Revolución del Vinilo. Y ojalá en alguna parte de la expo ande el bichito que lo muerda para que como músico, solista o grupo, pueda conseguir un diseñador,  al que le guste su trabajo y que quiera apoyarlo. O al revés, exista un diseñador que le guste y que quiera vincularse con una banda.  Porque la banda no son sólo los 4, 6, 10 arriba del escenario. También lo es la plataforma de apoyo que necesitan, y eso incluye pensar en personas que conociendo al grupo, pero que con una mirada más externa puedan asesorar o simplemente opinar respecto a cómo se ven y cómo podrían, tal vez, verse mejor. Y dentro de tantas revoluciones del último tiempo, ojalá seamos testigos de una revolución a nivel gráfico: una nueva plataforma de diseño vinculante a lo musical. Amén.

Por: Pamela Gaete
Fotos: Gentileza de Rodrigo Sáez.

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