Víctor Jara y el derecho de morir en paz

Por Marisol García | Fuente: De Gira
En el mejor de los casos, la columna que ayer publicó Cristián Warnken en torno al asesinato de Víctor Jara fue escrita desde la ignorancia. Es evidente que su conocimiento de la obra de Jara es limitado (de las dos canciones que le cita, una, “Si tuviera un martillo”, ni siquiera es suya), y que descripciones como lo de “guitarra panfletaria” o “ruiseñor urbano que supo sacar música de la periferia” son por completo imprecisas –ni siquiera me detendré en su carga ideológica ni cursilería– para describir a un autor revolucionario en su integración del teatro a la disposición escénica de grupos como Quilapayún y Cuncumén, en sus investigación y rescate de folclore campesino sin registro, en su total falta de prejuicios para vincular Nueva Canción Chilena y rock, en la amplitud temática de sus canciones (con el equipo de musicapopular.cl trabajamos el año pasado en la curatoría del box-set Deja la vida volar, y las canciones políticas –”panfletarias”, si usted prefiere– ocuparon sólo uno de los cuatro discos).



















