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Nano Acevedo: La identidad de los chilenos

Entrevista realizada al cantor popular, Nano Acevedo, de dilatada trayectoria, autor de cientos de canciones, escritor, ensayista, activo dirigente en el ámbito artí­stico desde hace décadas. Hoy es presidente de Sitmuch, sindicato de trabajadores de la música en Chile.

Por- Eduardo Yánez (*) | Fuente:- Casa Nova Cinco
Foto:- http://www.nanoacevedo.scd.cl

Tomando en cuenta que todo lo que está vivo tiene una identidad, “un parecerse a sí­ mismo”, y en el caso humano, la identidad a veces no es autorreconocida, lo que puede pasar con una persona, un pueblo, un paí­s y según el caso hasta con la humanidad entera, la primera pregunta es:

-¿Qué identifica al pueblo chileno?
Primero digamos que en mi concepto, identificarse es copiar costumbres, realizar cierto actos calcados de otros. Es una pregunta muy difí­cil, pues los seres humanos pueden ser percibidos levemente por su geografí­a psí­quica por decirlo de algún modo, y eso no necesariamente es consustancial a su lugar de origen. Así­, un mongol podrí­a ser fatalista, sentimental y burlesco, y un chileno se destacarí­a por lo intrépido y combativo. Aún así­ existen rasgos que la historia paí­s y el territorio que habitamos podrí­a haber dejado su huella. La escasa frontalidad de los chilenos, su hábito de hablar en base a anécdotas, su costumbre de burlarse de los defectos ajenos y eso de pasar de una pifia a un aplauso, son notorios. Pero subrayo, no son necesariamente atributos exclusivos de nuestra nacionalidad.


-¿Te sientes identificado con tu paí­s?
La identificación rara vez es por decisión propia; las costumbre son adoptadas desde la primera edad y en eso, el entorno, los mayores que acompañan ese crecimiento que no por casualidad sino por causalidad, ese niño sufre, van a marcar muchas de estas identificaciones. Por ejemplo el beber: difiere esa adicción, en un niño que no lo vio hacer en su casa, con otro que tuvo padres alcohólicos. El amor por la música se verá acentuado en un hombre que tuvo padres o personas a su alrededor que escucharon radio o discos. En ese contexto me identifico con las expresiones del arte tradicional chileno, con la música y la escritura.

Tú, como chileno -¿qué tradiciones cultivas?
De niño jugué al volantí­n, al trompo, al emboque, y otros juegos olvidados que surgí­an de nuestra condición de hijos de padres o abuelos-en mi caso-pobres. Inventábamos nuestros juguetes con un pedazo de alambre o hací­amos una pelota hurtando las medias nylon de nuestra madre o un calcetí­n del abuelo. Como adulto, me gustan las carreras de caballos, los bailes folklóricos, la comida tí­pica como el pastel de choclo. Bueno, escribo canciones y cuentos.

-¿Existe un canto chileno?
Las continuas migraciones crearon un repertorio musical en cierto modo hí­brido en América Latina. Bailes que trajeron esclavos negros que vení­an a trabajar al nuevo mundo. Danzas y música que mucho tienen de español, de árabe y hasta de africano que. Como es de prever, pasaron por varias transformaciones. Así­ que, puro, no es el canto chileno. Tiene, como en todas partes, influencias. Es preciso una salvedad que más tiene que ver con la poética: el canto contestatario o social catalogado como “de protesta”, tiene en Chile algunas cimas, como es el caso de Violeta Parra. Musicalmente, a partir de algo más académico, están las obras de Luis Advis. Y Patricio Manns sin duda crea una canción con mayor elaboración a lo acostumbrado, lo que representa otro aporte.

-¿Podemos expresar lo que somos?
Si lo dice en el sentido de escribir una carta a un diario, reclamando por algo, o hacer un comentario fuerte en una concentración, la respuesta es sí­. Pero es de una fragilidad espantosa. Al igual que la primera pregunta, esa de la identificación, hay otro tipo de identificación de los seres humanos, que se da cada segundo y es muy nociva, como el de identificarse con emociones negativas. Esto de expresar lo que somos, tiene doble lectura. La simple es decir no, pues acá no hay libertades reales. Chile vive sojuzgado hace casi doscientos años. Si no es por gobiernos populistas e irresponsables, es por dictaduras criminales, y sobre éstos, el gran empresariado que gobierna desde las sombras y cuyos gendarmes, son las fuerzas armadas. La más compleja es: -¿cómo puede un chileno, un malayo o un africano, expresar lo que es si no sabe lo que es? Veamos, vivimos entre la vigilia y el sueño, las cosas pasan por nosotros y no nos damos cuenta. Todo nos sucede, pocos hacen suceder cosas. Somos como una cáscara de nuez en la tormenta, los acontecimientos nos tiran de un lado para otro y no tenemos solidez, no digo fí­sica, sino filosófica, es decir, psí­quica, para saber qué es lo que somos. Así­ que poco y nada podemos expresar sino anécdotas o frases hechas, verdades aprendidas, etc.,etc.

-¿Estamos fatalmente contaminados con costumbres ajenas?
No comparto lo de fatal. Hay costumbres ajenas que son positivas, como la frialdad de un sueco frente a un problema, La alegrí­a de un brasilero, la puntualidad de un alemán, aunque como dijimos, eso inclina pero no obliga, es como el estudio de lo Psicoastral. Más que costumbres, existe en la música dura, metal rock, algunos componentes psicológicos que son rápidamente asimilables por los que adolecen, es decir, los jóvenes. El martilleo del bombo llega a zonas cerebrales que adormecen aún más, de allí­, aturdirnos aún más a toda hora. El dial y las parrillas de radio y TV están atestadas de música de aturdimiento o productos sexuales que son bocado para quienes sólo viven de apetitos.

-¿Somos un pueblo libre para expresarnos? -¿Somos dignos?
Dignidad es el respeto por sí­ mismo. Ese es un trabajo interior constante, riguroso y de por vida. Ahora, llegar a despertar para “darse cuenta”, es una tarea difí­cil. La gente le pide dignidad a otros, le grita, le exige. En verdad lo que quieren decir es que los escuchen y resuelvan sus problemas, o sea respeto y ayuda. Solemos ocupar los términos de modo erróneo. No hay rigurosidad en la palabra, ni tampoco la honramos, como los antiguos. Cada uno sabrá si vive respetándose a sí­ mismo. Ahora, si somos libres de expresarnos, lo somos. Creo que la pregunta va más bien por las libertades conculcadas, y esto es otro decir. Chile vive en medio de enclaves autoritarios dejados por la dictadura y muchas otras leyes mordazas de gobiernos anteriores que, sin matar gente. Dispararon contra los derechos humanos.

Por ejemplo, la satanización de los sindicatos; esa flexibilidad laboral que es pagarle centavos a los más jóvenes; una televisión que por el rating, es capaz de exhibir lo peor, lo deleznable, la desigualdad espantosa que existe entre una mujer trabajadora con hijos pequeños, que gana 150 mil pesos y demora horas en llegar a su trabajo, y parlamentarios que ganan diez millones de pesos y a veces ni siquiera concurren a la Cámara. Chile está cruzado por los abusos, iniquidades y despojos. Por una justicia que mira con un ojo, la procedencia de los litigantes. Así­, un narcotraficante sale en diez minutos, y un tipo que se robó tres marraquetas, en cinco dí­as.

Considerando que las influencias externas son inevitables y no todas necesariamente negativas, si estuviera en tus manos establecer leyes, ordenanzas o algo así­, destinadas a cautelar y desarrollar la identidad chilena, -¿qué harí­as?
Promulgar la Ley del Estatuto del Músico Chileno, que saldarí­a una deuda de cien años, al dar protección y seguridad integral a músicos y artistas. Sin eso, no hay tranquilidad para hacer nada. Destinar fondos suficientes para crear en todas las regiones, organismos con funcionarios probos y capaces para estructurar polí­ticas de capacitación para todo aquel que desee hacer arte. Promoción y difusión de los valores locales, fondos concursables y otros de asignación directa a artistas reconocidos por su trabajo en terreno, y no por aparecer en los medios. Una televisión publica ocupada de educar con ingenio. Establecer pensiones con un piso de un sueldo mí­nimo a los músicos y artistas chilenos mayores de sesenta y cinco años, que trabajaron toda su vida por aportar al arte, y hoy viven en la miseria.

Santiago, Junio 27 de 2007.

(*) Eduardo Yañez cantautor chileno, compositor entre muchas otras de la canción “Nuestro Cobre”, cursa el tercer año de la carrera de pedagogí­a en Música, en la Universidad Metropolitana de la Educación, a la cual accedió como parte del programa derivado de la ley Valech.

claudiog

Docente Instituto Profesional ARCOS. Gestor de proyectos musicales, discográficos y radiales. Productor de conciertos. Manager de bandas.

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