Para mí es muy simple, una buena canción es la mezcla perfecta entre letra y música. Y la banda que es capaz de componer buenas canciones (desde aquella premisa), entra de inmediato a una especie de panteón imaginario, un lugar a medio camino entre mi mente y mi parte espiritual en donde no entra cualquiera. Ahí por supuesto guardo esos componentes de la memoria, que unidos unos con otros, terminan constituyendo nuestra propia consciencia de aquello que somos. Digamos que estos recuerdos son una especie de ADN, no heredable, son la parte de nosotros que elegimos libremente.
Ya he dicho que de eso se trata esta sección, de recuerdos, de recortes sonoros perteneciente a bandas chilenas, a tipos que viven cerca de nuestras casas, que compran el pan en la panadería de la esquina, tipos que tienen hijos, que trabajan en trabajos muchas veces miserables (porque en chile nadie vive de la música), salvo el Beto Cuevas. Y eso es lo mejor de esto saber que no se requiere ser especial, vivir en Miami, ni andar en limusina para hacer y grabar canciones, no se necesita creerse dios, para hacer pequeñas obras de arte de 3 o 4 minutos que emocionen hasta el tuétano a tus semejantes.
Sí ya sé, me estoy dando muchas vueltas y aún ni siquiera te he dicho de que banda voy a hablar en esta oportunidad. Bueno, Esta banda tiene cada uno de los elementos nombrados antes. Tipos comunes y corrientes, tipos del barrio; de San Miguel o La Cisterna, que un día simplemente decidieron juntarse a hacer canciones. Me refiero a Políticos Muertos.
Hay algunas cosas de las que no estoy muy seguro cuando empiezo a mirar para atrás, recuerdos que se hacen cada vez más vagos, conforme los va mancillando el paso del tiempo. Cosas como compañeros del colegio, sus nombres, cosas como quien diablos era el ministro del interior por aquel año, ese tipo de tonteras; sin embargo hay otras cosas, que se me quedan grabadas como parte indefectible de mi mismo, cosas que, a la hora de los “quiubos”, terminan por definirme, y terminan por ser mucho más importantes para mí, de lo que incluso yo mismos pensaba. Una de esas cosas, ya te lo he dicho, es la música, música en cuanto a banda sonora de la vida misma, por eso te puedo contar que la primera vez que escuché música chilena con bajo, guitarra y batería, debo haber tenido algo así como 13 años. Estaba en la cocina de mi casa era verano, y en la radio sonó una canción llamada Sexo de un tal grupo Los Prisioneros… Cómo te lo explico, el efecto fue impresionante. Haz el siguiente ejercicio…escucha esa canción ahora mismo, escucha su letra, su música, el sonido… retrocede en el tiempo a 1984 y trata de imaginar lo que era, para un pergenio de trece años escuchar tamaña obra de arte, porque a estas alturas, para que nos vamos a ir con letras chicas. Recuerdo que en ese mismo momento juré que iba a formar mi propia banda y que algún día sería capaz de hacer canciones tan geniales como esas. Bueno, eso lo intenté y supongo que me moriré tratando de cumplir esa promesa infantil, porque las promesas infantiles, esas que se componen de sueños descabellados, son las más importantes de todas.
El próximo sábado 27 de diciembre emitiremos el último capítulo de Aldea Local. Si alguna vez nos escuchaste por la radio o vía internet, déjanos tu saludo final (como comentario a este posteo) para leerlo durante nuestra despedida. Siempre es bueno sentirse acompañado a la hora del adiós.
El capítulo décimocuarto de Aldea Local, emitido el sábado 20 de diciembre de 2008 en 14 ciudades de Chile a través de radioemisoras Nuevo Mundo, es el penúltimo. La próxima semana será el capítulo final.
Dedicado a la memoria de Fernando Fierro, el Capítulo # 14 es un programa especial. Salvo la sección Memoria Local, en que Pablo San Martín recordó a Los Prisioneros, todas las demás canciones son de M-16 o de grupos de hip-hop chileno, de vieja o nueva escuela.
¿Cómo y cuáles fueron la circunstancias que llevaron a juntarse y armar Bordemar?
Fue el año 83, bajo la dictadura. En ese momento surgió aquí un gran movimiento cultural de valoración de nuestras raíces, de lo que somos. A esta época se la ha llamado el renacimiento chilote de las artes y abarcó el renacer de la identidad chilota en varias ámbitos; se da en la arquitectura, la poesía, la pintura, la gráfica, lo textil y por supuesto en la música. Era un tiempo en que se buscaban las formas de estar con el otro organizado frente a tanto avasallaje de todo tipo. Este era un movimiento de participación de mucha gente, que organizaba presentaciones para los presos políticos, los relegados, las ollas comunes, en fin. Este contexto fue dando pie a que la música de la banda Bordemar llegara a ser escuchada como una música que describía los sonidos de la isla, al hombre chilote y su entorno que surge en el borde del mar.
2- La mirada que, siempre, tengo (que comparto con mucha gente) es que uds tienen una apropiación del folclore como elemento de distinción (y valoración) que no tenemos nosotros. Acaso como Brasil tiene con la bossa. ¿Cómo lo ves? ¿Y por qué?
Si, la valoración del folclore es parte de ese movimiento de renacimiento chilote de las artes, porque el folclore es parte de nuestra identidad, de lo nuestro y ha generado cohesión social a través de la música. Eso es fundamental y es lo que ha permitido que con la banda Bordemar sigamos tocando hoy, expresando el respeto a nuestras tradiciones e historias, retomando el hilo histórico de las antiguas formas musicales e instrumentales de las bandas chilotas, pero no para quedarnos pasivos contemplando ese pasado sino para construir historia nueva, proyectando nuestra música al futuro.
Están de moda Los Ochentas, está de moda llorar sobre la hedionda leche derramada de los tiempos negros de la dictadura, de moda la excelente y mal entendida serie que el Canal 13 da los domingo, y también de moda andar diciendo lo valiente y luchador que se fue en esos tiempos, y me refiero con esto a tanta figurita de juguete de la televisión pinochetista que hoy por hoy dice haber luchado por el bien y la justicia: periodistas, animadores, y otros bufones, cuyo único mérito es haber llevado “entretención”a los hogares de un pueblo que estaba de luto. Ellos olvidan algo, olvidan que los lutos son necesarios para llorárselo todo, para aceptar que las cosas han cambiado y para comenzar a sanarse. Desde un inicio todo partió mal en Chile.
¿Pero qué tiene que ver esto con una columna llorona de bandas que ya no están más? ¿Qué tiene que ver esto con un compilado de palabras que sólo apelan a la memoria y el corazón de unos supuestos radioescuchas? A mi juicio bastante. Voy a partir por arrimarme a las palabras del vocalista de la Bersuit Vergarabat, Gustavo Cordera, quien dijo no entender porqué al cantar el tema “La argentinidad al palo” la gente sacaba banderas argentinas y se lo lloraba todo de la emoción, cuando la canción era una crítica y no una loa. Creo que lo mismo pasa con el revival ochenteno; he escuchado incluso a gente que considero inteligente, diciendo qué linda época aquella, que bonitos tiempos esos. ¿¿PERDÓN?? La serie de los ochentas, esa con Tamara Acosta y Daniel Muñoz es excelente, no porque la época que recuerdan fue maravillosa, la serie es excelente, porque nos recuerda, la increíble dignidad y valor de mucha gente, que en medio de tiempos horribles era capaz de jugarse la ropa por sus principios, por sus seres queridos, por sus amigos (cuando Muñoz le presta ropa al amigo y los CNI se lo llevan a él).