Guiso y The Ganjas: sonido crudo e independiente 2004

The Ganjas

-¡Es rock chileno estúpido!

-¡Que importa si no hay contrato! Cuando se paran sobre el escenario a gritar fuerte y a golpear tarros, el espí­ritu de Hendrix los posee. Confí­an en el poder de la guitarra eléctrica (de momento), le sacan la lengua a las transnacionales y preparan sus rutas veraniegas. Guiso conoció la ley de la “cana”y The Ganjas tributa a las cualidades de la cannabis.

Sus labios gruesos se abrieron apenas unos segundos: “Tres o cuatro acordes que te enloquecen, eso es rock”. La oriental belleza de Denisse Malebrán, vocalista de Saiko, se perdió tras las bambalinas luego de soltar aquella sentencia. Mientras caminaba recordé los movimientos de cadera de Presley, los dedos de Hendrix, la simpleza de los Beatles y el suicidio de Kurt Cobain . Toda la energí­a, las pequeñas historias, la sangre y las botas gastadas que aparecen en medio de esta iconografí­a renace siempre entre jóvenes apasionados que sin el respaldo de compañí­as discográficas poderosas graban sus discos en estudios caseros.

Estos chascones enamorados de sus instrumentos, negocian personalmente las presentaciones en vivo y hacen afiches en photoshop para invitar al público a vacilar su música. En una lucha sin cuartel contra múltiples obstáculos, se unen en un movimiento común que ha sido denominado rock “independiente”, pese a que el concepto es hoy sólo una mera simplificación.

Guiso y The Ganjas son dos de estas bandas. Con más fe que el Papa, trabajan por estos dí­as en su ruta veraniega, conscientes de que las vacaciones, el ocio y las cervezas son excelentes aliados a la hora de reclutar nuevos fanáticos.

EN LA RUTA

Guiso acaba de grabar el ví­deo Solución -que estrenarán en diciembre- de su último disco El Sonido y evalúan la posibilidad de editar esa placa en Brasil adonde viajarán a tocar en los próximos meses, para lo que han establecido desde ya un contacto con la banda de ese paí­s, Autoramas, junto a la que se presentarán el 11 de diciembre en La Batuta. The Ganjas, en tanto, lleva este martes 30 de noviembre su propuesta sicodélica al club Amanda (ex night club Maeva de Vitacura) y el jueves 9 de diciembre lo harán a las 21:30 horas en el Cine España junto al grupo Griz.

A comienzos de noviembre y en el marco de los tres dí­as del Festival B: Primer Encuentro del Nuevo Sonido Chileno, ambas bandas enarbolaron el discurso rockero junto a Phono, Loft, Matorral y Tsunamis en el Centro de Eventos Cerro Bellavista (ex Discoteca Oz).

En la ocasión y aunque la segunda placa de The Ganjas ya circulaba desde mediados de año, ésta fue presentada “oficialmente”en público. La demora muestra un rasgo caracterí­stico a las bandas emergentes: si no hay patrocinador que se las juegue por apoyar su producto, no se echan a morir y simplemente hacen lo que les gusta, mandando al carajo cualquier consideración de mercado.

Esto tampoco significa que su propósito sea quedar en el anonimato. Las bandas que, con impaciencia, se están dando a conocer “desde abajo”aspiran a convertirse en referentes de importancia en la música chilena de esta década.

Ante tales perspectivas -¿qué hacen todos estos nuevos rockeros “sin mujeres, sin millones, sin calidad”, como dirí­a Jorge González? Lo mismo que han hecho sus compañeros de armas en los 50 años del género: gritar fuerte, golpear tarros y confiar en el poder de las guitarras y la electricidad.

Cuando en marzo los rockeros del grupo Guiso actuaron en Buenos Aires se encontraron, en su primera salida al extranjero, con colegas trasandinos glamorosamente vestidos. Aquello les llamó la atención, pues sus intereses fueron otros. “A nosotros los que nos preocupaba era sonar bien antes que vernos bien”, según recuerda el baterista ílvaro Gómez. Porque lo suyo es jugársela al ciento por ciento por un sonido cuidado e interpretaciones potentes que priman sobre una estética pretenciosa o la lucha a como dé lugar por la fama.

Alejandro Gómez en voz y guitarra, su hermano ílvaro en baterí­a y ílvaro Guerra también en guitarra forman en 1999 Guiso. Dos años después, Bernardita Martí­nez se integra como bajista a esta banda de canciones impetuosas y presentaciones potentes.

Su primer acercamiento con lo masivo vino el 2000 cuando su canción “Sólo porque soy”fue incluida en la banda sonora del filme íngel negro. Al año siguiente, el conjunto edita el demo Guiso y en 2002 su álbum debut Sintonizar el ruido.

En julio de este año sacan su segundo disco, El Sonido, influí­do por el rock de los `60 y el jazz. El ví­deo promocional del tema homónimo, respondiendo a la búsqueda de un perfil clásico, fue filmado en blanco y negro e incluyó animaciones sobre las imágenes de los músicos y sus instrumentos a partir de un minucioso trabajo a mano en los negativos. Una particularidad de la letra de la canción viene en sus versos finales, en los que -tomando la idea prestada de una composición de los ingleses The Animals- Guiso rinde tributo a sus compañeros generacionales, como Dí­a Catorce, Familia Miranda, Griz, Hielo Negro, L` Patina La Frente, Mota, Orate y Yajaira, entre otros.

POWER TO THE ROCKERS

Además de presentarse en Santiago, Concepción y Temuco, en 2002 Guiso actúo en la moderna Cárcel de Alta Seguridad de Valparaí­so. Fue, como cuentan sus protagonistas, una experiencia chocante dado que los internos no estaban dispuestos a escuchar a un grupo de rock. ílvaro Gómez recuerda la jornada: “Nos miraban como ensimismados y se veí­an agresivos. Cuando terminamos de tocar no nos comentaron qué les pareció nuestra música, sino que nos pidieron cigarrillos. Compramos algunas cajetillas y se las lanzamos. Eran poco solidarios, porque el preso que alcanzaba una, la pisaba y se adueñaba de ella”. Al año siguiente, tocando en otras dos cárceles la situación fue distinta. “En Buin, los presos fueron hasta amistosos. Algunos incluso nos ayudaron a trasladar nuestros instrumentos”. En el penal de Puente Alto, en tanto, mostraron su música como parte del proyecto “Rock & Rejas”, auspiciado por el Fondart y que editó un disco compilatorio con un tema suyo.

También en 2003 la producción de “Bienvenida Realidad”-una de las series más alabadas de TVN este año- buscaba una banda no tan conocida y con ciertas caracterí­sticas. Tras oí­r varias, optó por Guiso, que interpretó la canción principal y que además tuvo a los hermanos Gómez en un improvisado rol de actores.

Paralelamente a esta banda, Alejandro y ílvaro Gómez dan rienda suelta a su amor por el blues en el dúo Perrosky, cuya placa debut Añejo salió en 2001 y que al igual que los discos de Guiso fue registrada en el sello “Algo Records“, que crearon en 2002. La disquera ha editado 11 placas, sumando a las propias las de los grupos Pendex, Ramires! y The Ganjas. “Tenemos planes para que de aquí­ a 10 años este sello se convierta en un centro de operaciones de la escena rockera actual. Nos interesa que de aquí­ salgan grupos cada vez mejores y que dejen huella”, señala ílvaro.

HIPNOSIS SÓNICA

Son pasadas las 00:15 horas de un viernes en una céntrica sala dispuesta para un concierto de rock. El público se mueve cadenciosamente siguiendo la textura oscura y casi oní­rica de la melodí­a. El vocalista suelta palabras con los ojos entrecerrados. Tras el grupo, un ventanal deja ver una Alameda con escasos transeúntes. Mientras, el bajista de The Ganjas, Rafael Astaburuaga, se mueve como una cobra hipnotizada, el baterista Aldo Benincasa se ve ensimismado al fondo de la formación y el tecladista Luis Felipe Saavedra se complementa con la melodí­a de la guitarra del cantante principal Samuel Maquieira. Parece un viaje común entre músicos y audiencia, a un lugar indeterminado de la conciencia.

Así­ se desarrolla otra noche de música en vivo de este grupo que hace tres años se reunió bajo el rótulo de una denominación de la marihuana: la “ganja”. El nombre define bien el talante “narcótico”de una producción musical que entre sus influencias manifiestas cita al Pink Floyd de inicios de los “™70.

The Ganjas registra un álbum homónimo en 2003, y otro de 6 canciones electroacústicas, llamado Fuma y mira, a partir de una actuación en la Sala Master de Radio Universidad de Chile en mayo de este año. Sin sello distribuidor ni representante, sus discos se venden en algunas disquerí­as y “de mano en mano”.

La banda, que descree de los encasillamientos y prefiere no “definir”lo que hace, reconoce, sin embargo, ciertos estilos en su creación como el rock clásico, la sicodelia, el reggae y la música de Manchester.

UN TRABAJO “EN SERIO”

Hasta que el movimiento “grunge”traspasó Estados Unidos para hacerse conocido a nivel planetario, conceptos como “rock independiente”o “alternativo”eran casi un certificado de probidad para músicos que veí­an en la comercialización una muerte segura para sus aspiraciones de crear libremente. Hoy esas definiciones están casi exentas de esa aura honorable, sobre todo en tiempos en que la piraterí­a callejera y las descargas gratuitas por Internet por poco reducen a cero la posibilidad de mantenerse en los márgenes de lo masivo.

El cuarteto The Ganjas tampoco cree en esas rotulaciones y aspira llegar a cada vez más gente. “Si es que tocamos en lugares más bien reducidos, es sencillamente porque ahí­ podemos hacerlo y no por algo de actitud”, explica Astaburuaga. Y agrega: “Nosotros buscamos mejorar nuestro sonido y desempeño en el escenario y para ello debemos ensayar, grabar y dar recitales, donde sea, porque los recintos grandes y la masividad son para grupos como Lucybell y Chancho en Piedra, por ejemplo. Además, los sellos grandes no se arriesgan con las propuestas nuevas, por lo que nos damos a conocer por nuestros propios medios. Y nos resulta de a poco, porque nos tomamos en serio este trabajo”.

Pese a estar aún fresca su última placa, el grupo ya grabó 12 temas para un nuevo disco que editará el 2005, mientras proyecta seguir con su ritmo de 3 ó 4 recitales al mes, tal como lo vienen haciendo. Son pasadas las 01:30 horas de un viernes en una céntrica sala dispuesta para un concierto de rock y los asistentes exigen otra canción. Los músicos acceden, retoman sus pertrechos y comienzan una melodí­a, al parecer, conocida por muchos de los presentes. Cuando el bajista aúlla sus versos, el público le sigue entusiasmado: “Me llevas loco, THC/ Marihuana… me estás volviendo loco”. -¿Oda a una “volada”alucinógena? -¿Burla a la cordura cotidiana del “establishment”? No: es -como le gustaba cantar a Mick Jagger cuando era la encarnación de la contracultura- “Rock & Roll”. Ése que a los muchachos “les gusta”.

Francisco Ramí­rez
Fuente: La Nación
Domingo 28 de noviembre de 2004

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