MARIO ROJAS: ‘La cueca es un arte de elite’

Mario Rojas

Mario Rojas es uno de los músicos chilenos más interesados en recuperar la verdadera esencia de la cueca en nuestro paí­s. El ex-integrante del grupo “De Kiruza” ha realizado innumerables composiciones bajo la influencia de este género musical, fue el director del video documental “La Cueca Brava de Mario Nuñez”, es el productor musical del reciente disco en vivo de la agrupación “Los Chileneros” y actualmente está grabando una producción con el grupo cuequero “Los Santiaguinos”. Un personaje más que facultado para entregarnos su visión sobre esta expresión musical nacida en lo más profundo de nuestra idiosincrasia.

– Mario, -¿qué entiendes por cueca?

– La cueca es una tradición muy antigua, más antigua de lo que la mayorí­a de los investigadores le atribuyen. Ellos hablan de la cueca como un fenómeno que se generó a raí­z de la moda que llegó a Chile de la “zamacueca”, proveniente de Lima. Yo tengo la sensación que la zamacueca sólo detonó un sentimiento que estaba instalado en nuestro paí­s. Un antecedente que se encuentra en todas las expresiones populares de América latina, como la cumbia, la habanera o el tango: la raí­z “morisca” de nuestros pueblos. Todos estos “bailes de la tierra”, como se llamaban durante la colonia, son derivaciones arábico-andaluz. Gente que llegó a este continente desde España y no eran los tí­picos colonizadores-evangelizadores castellanos. Hombres de trabajo, que vení­an “a la mala” como polizones en las embarcaciones del “Viejo Continente”. Estos tipos no eran 100% cristianos, católicos ni españoles. Eran moriscos, con influencias árabes y musulmanas. Entonces, no podí­an entrar a América como españoles debido a su carácter mestizo. Por lo tanto, gitanos y moros formaron toda una masa de ilegales en nuestro continente, una cultura popular que se insertó en los estratos bajos de esta nueva sociedad. En Chile, estos individuos comenzaron a reproducir sus milenarias tradiciones y, con el tiempo, este arte obtuvo individualidad americana. Nuestra cueca es resultado de esta fusión cultural.

– Sin embargo, muchos investigadores le atribuyen una importante influencia africana a la cueca -¿Existen elementos negroides en esta música?

– Efectivamente. Los moros habitaban el norte de ífrica y, por lo tanto, tuvieron gran comunicación con las naciones del centro del continente de origen negroide. Muchos dicen que el ritmo 6/8 pasó desde Arabia hasta Nigeria. Ahora, en nuestro continente hay una gran fusión africana con ritmos andaluces, como la cumbia o el guguancó. Ahora, la cueca tiene algo de eso que se refleja en las polirritmias y en el canto sincopado. Sin embargo, a pesar de las innumerables influencias, la cueca es totalmente chilena. No se bailaron cuecas ni en ífrica ni en España. Esta ha sido la única expresión musical generada en nuestro paí­s que traspasó fronteras. La cueca fue una moda en Latinoamérica, donde la llamaron “chilena”.

– En nuestro paí­s, -¿Dónde surgió esta expresión musical?

– En los márgenes de las ciudades, en los sectores del pueblo urbano. Esta es una expresión netamente popular. Y ahí­ es donde nos enredamos con esta cosa del huaso. Porque la cueca más que del huaso es del roto. El roto chileno es una especie de huaso cimarrón, anárquico, el que se escapa del feudo y de su patrón terrateniente. Huye para buscarse la vida en el Chile semi-industrial, en la nación que construye carreteras, canales, puertos, industrias, etc. El roto siempre se está moviendo, cambiando de oficio y de lugar fí­sico. Lo tenemos en el Ejército, construyendo el canal de Panamá, buscando oro en California. Todas estas experiencias, el roto las expresa a través de la cueca. Por lo tanto, esta música no sólo habla del campo, la chica o el rodeo.

– -¿Cómo se fue perdiendo la esencia de este arte?

– La cueca alcanzó su auge en la independencia, en el siglo XIX. El roto fue importantí­simo en este proceso porque era la tropa del Ejército. Lo mismo en la Guerra del Pací­fico. Por lo tanto, las clases más altas no podí­an despreciar al roto y permitieron que manifestara públicamente sus expresiones culturales. Sin embargo, a partir de 1930, tiempos de crisis económica y organización popular, el roto comenzó a molestar, a ser un peligro. Entonces, los persiguieron y reprimieron su arte. De esta manera, la cueca se encerró en la clandestinidad. Se escuchó en prostí­bulos, bares y guettos marginales. Allí­ siguió reinando hasta la década de los 50′. Después entró en franca decadencia hasta el Golpe Militar, donde cayo en fase terminal como todo en este paí­s.

– -¿Es la cueca un muerto en vida?

– Ahora, la gente canta mal la cueca. Incluso cree que hay que cantar y tocar mal para hacer cueca. Y en ese sentido, el peor daño que ha caí­do sobre la cueca -tratando de hacerlo bien- son los grupos de canto y danza. Estos conjuntos folklóricos de los colegios, empresas o instituciones públicas, que recién están aprendiendo a hacer música, tocan cueca porque debe ser lo más fácil. Ahí­ prima ese sentimiento “nacional” por sobre lo musical. Desarrollan la coreografí­a del baile y todos los “í­conos” de este arte, pero definitivamente no son cultores de cueca.

– -¿Cómo deberí­a ser una cueca?

– Evidentemente hay un sí­ncope muy fuerte. Una manera de sacar la voz, de respirar, que tiene que ver con el pregón, con el feriano, con el tipo que grita las verduras o el diario. Una manera de sacar la voz que es arriba. Esto se debe a que la cueca es una guerra entre cantores. Uno saca una melodí­a y el que sigue debe entrar “arremangando”, más alto y fuerte, sobrepasar al primero. Por lo tanto, si en una rueda de cantores un gallo no tiene “pito” (voz) se tiene que salir. No sirve, simplemente. Esos son códigos de los cultores de la cueca. Y hay que hacer la diferencia entre esos cultores y aquel segmento de individuos que han encontrado en el folklore una forma de sentirse chilenos a través del huaso y la bandera. Elementos que tienen más que ver con la fuerza que tiene el Estado chileno en generara sí­mbolos patrios. Los rotos no buscan su chilenidad, porque definitivamente lo son.

– -¿Cuáles son esos sí­mbolos patrios del Estado?

– Hemos sido formados en una estructura estatal, rí­gida, bien organizada, en contraste a otros paí­ses latinoamericanos. Tuvimos una burguesí­a inteligente que formó instituciones super sólidas y sí­mbolos patrios. Todos lloramos con el himno, encontramos hermosa la bandera y comemos empanadas para el 18 se septiembre. íconos impuestos desde “arriba” para asegurar el compromiso del pueblo con las instituciones, pero que no necesariamente son verdaderos. En esto no tiene nada que ver Pinochet, él fue sólo la reafirmación de toda esta cultura nacionalista. El dictador le puso la guinda a la torta y, por suerte, la terminó de cagar.

– -¿Crees que se puede revertir este proceso?

– Veo un interés dentro de un segmento de la juventud por descubrir la verdad de la cueca, la aguja entremedio de la paja. Yo lo atribuyo a los efectos de la globalización, porque este proceso no se está dando solamente en Chile, sino en todos los paí­ses, en todas las culturas. Estos jóvenes tienen la lucidez por buscar sus raí­ces. Y ahí­ está la cueca para reconstruir identidad. Ahora, no es una cuestión masiva y, para ser honesto, ojalá que no lo sea. Porque se chacrearí­a. Debe ser una cuestión de “elite” y sólo de esta manera existirá una perfección dentro de este arte. Como el flamenco, porque no cualquiera se pone a cantar flamenco. El que no sabe flamenco no toca, se queda callado. La cueca no es chacota, sino una expresión musical compleja y con muchas variantes. No es sólo música, ni baile, ni poesí­a, ni diversión. Es todo junto, un arte completo y, por lo tanto, hay que conocer los códigos para participar de ella. Por lo tanto, no es cosa de tocar una guitarra, tirar una paya y aplaudir. Como dije, la cueca es un arte de elite. Creo que nosotros todaví­a estamos en una etapa muy básica de reencuentro con esta expresión cultural. Debemos saber cuándo estamos en presencia de una cueca verdadera y cuándo es una falacia. Este es el primer paso y creo que lo estamos dando.

por Gustavo del Canto
9/18/2001

Fuente: PrimeraLí­nea

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