Napalé busca nuevos senderos

Un acercamiento a la música popular, un trabajo de desarrollo de la percusión y mayor presencia creativa de los integrantes del conjunto simbolizan el nuevo perí­odo del conjunto, que plasmará en el cd “Frontera Sur”, que debiera aparecer en el mercado en los próximos meses.

“Yo creo que la gente nos conoce y se acuerda de nosotros, pero nos ha pasado que cuando anunciamos presentaciones nos dicen: “˜Bah, -¿ustedes todaví­a están tocando?”. De esta manera Ignacio Ugarte define la intermitente existencia de Napalé en los escenarios chilenos.

El grupo, de todas maneras, ya pasó los veinte años ininterrumpidos, aunque a veces las actuaciones no son todo lo seguidas que quisieran o que regularmente tengan que volver a montar el repertorio cuando sufren una nueva deserción.

Pero el inicio del siglo XXI encontró al grupo con los ánimos renovados y con ganas de mostrar su actual trabajo, una suerte de continuidad entre lo que está registrado en sus tres casettes “oficiales”(Napalé, Crónicas y Suite Tic Tac / Amor que calla) y algunos acercamientos más concretos que está realizando el grupo hacia una expresión quizás más popular en términos más sonoros y de forma, cosas que estarán plasmadas prontamente en el CD Frontera Sur, que sacarán de manera independiente a mediados de año. Además, el grupo tiene proyectado hacer una antologí­a en un cd doble con sus tres primeras producciones.

El nuevo disco será el reencuentro del grupo con el formato canción y temas instrumentales que, según ellos, no excederán la duración convencional de un tema de música popular. Además, luego de la partida momentánea del otrora director Rodrigo Pérez de la formación (por motivos laborales), el grupo ha enriquecido su núcleo creativo y el nuevo trabajo tendrá creaciones de la gran mayorí­a de la actual formación del Napalé, compuesto actualmente por Jorge Lillo, Alejandro Ibarra, Ignacio Ugarte, Ernesto Pérez, Rodrigo Arratia, Francisco López y Hernán Castro. Además, el cd anuncia versiones de un tema de Astor Piazzolla y temas del folklore mexicano y afrocolombiano, lo que también se enmarca en la intención del grupo de desarrollar su trabajo de percusión.

UN NOMBRE POR ERROR

El nombre Napalé nace de una gruesa equivocación de sus integrantes. Según explica Alejandro Ibarra, uno de los más antiguos entre la actual formación, no hallaban con qué nombre bautizarse y “uno se acordó de un ritmo venezolano que conocí­a y propuso que nos llamáramos Napalé. Bueno, el único problema es que el ritmo se llamaba en realidad “˜Mapalé”™ y era colombiano”. Más allá del accidente, ese fue el inicio de un grupo que parte a comienzos de los “™80 y que ya tení­a antecedentes, vinculados al eje del conjunto, los hermanos Ernesto y Rodrigo Pérez.

“Bueno, ellos se conocí­an desde niños”, explica Ibarra entre risas, “y siempre estuvieron metidos en la música. En un comienzo tuvieron contacto con Jaime Soto, de Barroco Andino, y además tuvieron acceso a la formación “˜académica”™, por lo que cuando crearon el grupo ya estaban en busca de un cruce que, de todas formas, ya habí­a iniciado otra gente de la Nueva Canción Chilena”.

Ibarra se recuerda que al momento de su entrada al Napalé, dos dí­as antes del terrible sismo de marzo de 1985, (“o sea, con mi ingreso se produjo un terremoto”, sentencia), ya tení­an montado algún repertorio de los emblemas de la Nueva Canción, como Quilapayún e Inti Illimani y otros temas como un arreglo instrumental de un tema coral del compositor ruso Soloviev Sedoi, que finalmente grabaron en Crónicas, en 1992. Sin embargo, el impulso que marcará la primera etapa del grupo será el encuentro con Luis Advis.

-¿Cómo surgió el contacto con él?

Ibarra: Lo conocimos en 1986, cuando estaba terminando sus estudios de portugués. Advis es un tipo impresionante, que se lo pasa estudiando cosas nuevas y en esa época iba al centro de estudios brasileños. Para homenajear este idioma y a unos poetas que habí­a conocido decide hacer algunas canciones con textos de poetas brasileños más un tema instrumental de homenaje a un músico brasileño llamado Ernesto Nazareth.

Las cosas coincidieron, él tení­a su obra y vio que tení­amos un grupo, así­ que nos planteó grabar esto. Por nuestra parte, tení­amos casi todo listo para empezar al estudio. Empezamos a montar el repertorio, nos gustó mucho y terminamos haciendo el primer cassette “oficial”.

Jorge Lillo: además del trabajo de Advis, incluimos cosas pendientes con canciones que ya estaban montadas. Así­ grabamos de manera más oficial “Las últimas palabras”, del repertorio del Aparcoa, que es uno de los primeros temas que montaron los chiquillos y que es la que toda la gente recuerda y con la que más se identifica el nombre del Napalé.

-¿Ese tema ya lo tienen borrado del repertorio?

Mucho tiempo lo cuestionamos. Antes de que la sociedad se pusiera tan crí­tica con esta democracia habí­a un conformismo muy grande y en ese momento era difí­cil plantear un tema tan serio sin caer en el facilismo de decir “bueno, la gente no está aplaudiendo, toquemos las “˜últimas palabras”™ y arrasamos al tiro”, para nosotros ejecutarlo era algo oportunista y en ese sentido lo desechamos por bastante tiempo.
Pero bueno, de alguna manera se hizo necesario de cierta manera recordar un mensaje tan querido y tratar de reenfocarlo, que a lo mejor ya no es aplastar un tirano sino de mantener un proyecto y creer en lo que para nosotros está bien y lo que está mal. Cuando lo volvimos a tocar la gente reaccionó más moderadamente de lo que pensábamos y para nosotros fue bueno sacarnos esa tranca, así­ que de repente lo incluimos.

Este tema, de alguna forma, los asoció con un tipo de música que no es lo más usual en su repertorio, al menos en el aspecto lí­rico.

Lillo: Claro, porque esa es la imagen que se ha hecho del Napalé, pero el grupo ha combinado inquietudes musicales y sociales. Por supuesto, ha habido acentos y épocas más propicias para cada cosa, pero en algún momento, cuando llegó la democracia, el contenido dejó de ser importante, no por nosotros sino por el público. Así­ que decidimos tratar de plantearnos, aunque suena algo peyorativo, más “musicalmente”, pero es un enfoque que está en el origen del grupo y que si bien ya estaba asociado desde hace mucho no estaba todo dicho.
Por ejemplo, no era tan común un grupo con chelista, porque todos los tení­an como invitados pero no lo integraban a la sonoridad del conjunto. Además, produjimos el experimento con otros instrumentos clásicos que en la Nueva Canción no se hací­a más sostenidamente, salvo en el caso del Aparcoa.

De ahí­ llegó el Crónicas, de 1992, que lo hizo Alerce

Ibarra: lo distribuyó solamente Alerce, porque lo hicimos nosotros.

Bueno, en ese disco ya se nota más el sello que marca el grupo, especialmente en el trabajo con obras, más allá del formato de la canción

Ugarte: Creo que ese sello se lo daba Rodrigo, en Crónicas está su primera obra pensada como algo global, quizás no como una cantata pero sí­ como una obra poético musical, con narrador en varias partes, etc. Después hizo lo de Gabriela Mistral, en su lí­nea de compositor buscó obras de largo aliento, pero siempre lo combinamos con las canciones. De todas formas, últimamente hemos hecho hincapié de incorporar canciones de manera más espontánea, porque los integrantes han incorporado nuevas piezas.

De alguna manera, con este disco la gente comenzó a asociarlos con una música menos ligada a lo popular o más sofisticada.

Lillo: Eso puede obedecer a una imagen o un perí­odo que si bien no está abandonado complemente si está como en paréntesis. Además, en estos temas pesan cosas escénicas como que nosotros en un tiempo nos dio por tocar con partitura, lo que producí­a un distanciamiento con el público que pensaba de inmediato “estos tipos están tocando cosas dificilí­simas”, pero en realidad a veces eran rasgueos folklóricos reconocidos por todos

Ugarte: por otra parte está la forma de componer de Rodrigo, la manera como arregló los temas y eso da el sello del Napalé, donde hay un acercamiento a lo docto pero que tiene raí­z.

Lillo: creo que hemos oscilado entre los dos polos, pero ahora se puede decir que estamos buscando piezas más sintéticas y explorando cosas que no habí­amos hecho. Hemos incorporado más percusión, hemos buscado ritmos más alejados del simple concepto de oreja, hemos investigado ritmos afros el Ignacio lo ha hecho también como es el caso del Mapalé.
Sobre la sensación de que nuestro sonido es demasiado docto, bueno no sé hasta donde se puede hablar de “demasiado”pero sí­ montamos con partitura aunque a veces hasta por ahí­ no mas porque no somos grandes lectores a primera vista ni nada por el estilo. Sin ir más lejos, el nuevo integrante ya confesó que no sabe leer ninguna cuestión, pero que tení­a toda la disposición de aprender como buen autodidacta.

Ugarte: pero más allá de la metodologí­a, creo que el sonido del grupo que generó Rodrigo iba para el lado del grupo de cámara, muy preocupado del detalle y eso no suele ser muy ” popular”. O sea, es difí­cil que un grupo así­, por ejemplo, se pueda escuchar en el Estadio Nacional.

Lillo: Es algo que nos hemos esforzado en creer que no es un problema del grupo, sino de que no hay espacios para que se pueda ofrecer esto, porque la gente está acostumbrada ir a un recital a estar parada, a gritar, a saltar y está bien que exista esa posibilidad, pero para un trabajo hay que sentarse y dedicarse a oí­r. Hay gente que dice que un trabajo como el nuestro es fome pero yo creo es cosa de aprender a oí­r.

Tres discos en 18 años no es mucho, -¿porque han tenido una producción tan esporádica?

Ibarra: yo creo que es la composición la que cuesta un poco. Además, la configuración del grupo ha hecho que hayamos tenido muchos integrantes en muchos periodos. Pasan momentos en que se van algunos y hay que traer a otros y montar de nuevo todo el repertorio.
También nos ha costado por el lado de la vigencia, porque si los Illapu hubieran tocado siempre el “Negro José”no hubiera pasado nada, pero ellos permanentemente muestran cosas nuevas y eso nos ha faltado en algún momento a nosotros.

Lillo: ha habido años muy malos, algunos completamente improductivos en los que hay un repertorio listo, pero se va otro integrante y pasa mucho tiempo para encontrar un músico nuevo, porque no se puede ofrecer sueldo ni viajes por el mundo pero sí­ acceso a instrumentos y a un grupo con ganas de seguir, pese a que quizás todos nos vayamos en algún momento.

Ibarra: por otra parte, creo que lo que nos pasa desde el penúltimo disco es que nos hemos hecho más viejos, no tenemos ni el tiempo ni la disposición hacia el grupo y hacia la música que tení­amos cuando éramos más jóvenes. En ese momento tení­amos todo el tiempo del mundo y el mundo era nuestro (se rí­e).

Con respecto al envejecimiento, tú me decí­as que de la primera época del grupo recordabas con mucho cariño el primer cassette, me hablabas de una “mí­stica”que no encontraste después”

Todas las grabaciones son especiales, pero para mí­ el primer disco me marca mucho y en realidad me acuerdo mucho de esa época. Bueno, todaví­a existí­a el régimen de Pinochet” y al mirarlo desde la distancia no es que lo eche de menos, serí­a como mucho, pero habí­a otra mí­stica. Era una época en la que habí­a mucho compromiso en mucha gente, en que í­bamos a tocar a las poblaciones, las parroquias se llenaban y habí­a una “producción”en la que todo el mundo apoyaba, donde” no sé, era otro paí­s, no digamos otra sociedad, pero habí­a solidaridad en muchos aspectos y habí­a mucha gente que se la jugaba” verlo desde ahora es súper fuerte.

Ugarte: creo que eso aún existe, pero era más palpable en que si uno se acercaba habí­a una producción de parte de la gente, eran más organizados, tení­an sus actos más contenido. Bueno, era un contexto diferente, ahora la cosa es más difí­cil, en las radios tocan casi sólo música extranjera, sólo se conoce a los pocos grupos que tienen algún tipo de historia. Pero ahora hay muchos grupos nuevos y la gente no los conoce.

Luego de esa actividad constante que tuvieron, -¿cómo los tomó el declive de presentaciones, en los “™90?

Ibarra: el cambio fue gradual, de a poco vimos que de actuar cuatro veces por semana empezamos a actuar mucho menos, muchí­simo menos
Lillo: muchisisí­sí­simo menos (risas)
Ibarra: pero tomamos la cosa como cualquiera, tratando de seguir tocando para cuando fuera.
Lillo: decidimos estar listos para los nuevos tiempos, para que cuando se pusiera mala la cosa de nuevo se hicieran actos y se necesiten músicos para animar la cosa con un acto.

FRONTERA SUR

-¿Cuándo y por qué deciden afrontar la producción de Frontera Sur?

Lillo: siempre se plantea la necesidad de si no se puede presentar uno en vivo, al menos hay que dejar testimoniado para el futuro, para ese ego de los músicos de que “las generaciones futuras sabrán valorar lo que se perdieron las actuales”.
El disco llegó de casualidad, sabí­amos que asumir la proyecto de un disco es caro y la plata no la juntábamos sin Fondart o algo así­, postulamos varias veces y no pasó nada. De alguna manera asumimos que grabando temas de a uno podí­amos negociar una mezcla o algo así­. Así­ ocurrió que a través de Alejandro llegó un contacto con gente que instaló un estudio y querí­an hacer su marcha blanca con nuestros temas sin costo alguno. Nos demoramos mucho en grabar, porque dependí­amos de la eventualidad de que el estudio tuviera lugar entre sus trabajos pagados, así­ que como no tenemos presión de ningún sello para sacar el disco tenemos la comodidad de hacerlo de a poco. Querí­amos lanzarlo el año pasado pero no se pudo y lo vamos a hacer ahora.

-¿Cómo podrí­an describir este nuevo trabajo?

Ugarte: hay diferencias en las composiciones, no hay ninguna creación de Rodrigo, salvo un arreglo. Hay mucho aporte nuestro, se puede decir que hay un acercamiento mayor a lo popular, además de una exploración de la percusión, a cosas de Piazzolla, hay harta diversidad pero se mantiene dentro de la lí­nea sonora y de colores del grupo.

Lillo: de alguna manera creo que el disco enriquece la lí­nea del grupo, porque hay una variedad mayor estilí­stica y temática, porque en otros discos se nota mucho la mano de Rodrigo y después de escuchar tu ya determinas a qué compositor corresponde cada creación. En este caso hay un mayor contraste entre autores pese a que todos tomamos y respetamos la lí­nea del conjunto porque lo pensamos para él, pero también todos tenemos enfoques distintos.

Pese a que el grupo habla de metas y no de plazos, los Napalé presumen que el invierno del 2003 no se irá sin que Frontera Sur haya salido. Aún no comienzan las conversaciones con los sellos pero no descartan la lí­nea de la independencia y tampoco tienen certeza de las posibles presentaciones de lanzamiento que pueden hacer.
En realidad, las prisas y las angustias de otras agrupaciones no entran para el conjunto, que aprendió a convivir con sus integrantes de la manera más armónica posible porque, tal como señala, Jorge Lillo, “este grupo tendrí­a todas las posibilidades como para haberse acabado hace mucho rato, pero como nadie lo obliga a existir ni a no existir, entonces optamos por existir y trabajar”.

Por Manuel Vilches
2003
Fuente: Portal de Música Latinoamericana

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